viernes, 4 de junio de 2010

Anatema de una Religión


Debido a las circunstancias de exaltada irrespetuosidad hacia toda una forma socio cultural, filosófica y, por si fuera poco, nada menos que religiosa –al menos esta última en lo que se refiere a un grupúsculo de personas que se auto denominan religiosos que, evidentemente no representan más que una mínima expresión del núcleo importante que manifiesta en Argentina su cadencia hacia Orixá en cualquiera de sus múltiples formas-, ahora sí, debo perder el sentido retórico y dialéctico que he sostenido y respetado hasta hoy, para verter abiertamente mis consideraciones respecto a la naturaleza de estos seres que no atisban una realidad contundente, dada su incapacidad intelectual y humana de interpretarla cabalmente, tanto, que debí ir aportando mis opiniones, por decisión propia y ancestral, a media tinta, a media vela, para no ofender drásticamente su triste existencia.

Siendo tan, pero tan pocas las nueces, el ruido que producen se ha convertido en un estridente chillido de ratas hambrientas y sedientas de fe, esperanza y sentido de caridad reales, más allá de sus aparentes burdas convicciones en lo que a la definición de esas premisas se trata.

La envidia de algunos pocos hacia muchos otros, cuando es expresada en un estilo pacato y exasperado, estribado en la grosería y el insulto, puede convertirse fácilmente en el apetito voraz de tantos otros que no sosteniendo una actitud de amor propio hacia lo que podrían ser sus convicciones de vida, y que fácilmente adhieren a una falsa causa socio-religiosa inspirada en fantoches que tratan de anexar a sus bolsillos una extra de dinero que no son capaces de lograr en la vida cotidiana del Aiyé, del mundo, del quehacer laico.

Habiendo estos escuálidos miserables heredado lo peor del Batuque río grandense, intentan a los manotazos, lograr una consigna de acción religiosa que jamás podrán obtener, por dos motivos fundamentales: uno, la herencia miserable en sí, los imposibilita de una maniobra capaz de lograr un cambio favorable, aunque lo deseen y sepan necesario, para que su “por qué” religioso se vea justificado; el otro motivo, su propia actitud cultural, rayana en el cretinismo, en la mejor acepción del término.
Este cretinismo contagioso y popularizado los lleva a funcionar a través de algunos medios, al son de la comparsa llamativa y bochinchera creada por “umbandaradio”, con su correspondiente gestor, un “Listorti” de turno, que además de haber demostrado en reiteradas oportunidades sus carencias de valores reales en lo que a religión respecta, también induce a pensar que su perfil psicológico está orientado a determinada masa humana, que no necesariamente tiene por qué responder a la realidad de Orixá en Buenos Aires.

Gracias a Olorum, en Uruguay tenemos algo que esos peleles no tienen ni quieren, ni nunca tendrán: una línea intelectual y moral libre de máculas afectadas y distorsionadas por el eterno fantasma de la discriminación. Y la discriminación existe, es real. Pero en la medida que se siga escuchando esa versión ridícula y falsamente explicada de su significación, irán, en la medida que puedan, hundiendo paulatinamente las posibilidades de emerger verdaderamente de tal situación social, reconocida como discriminación.

En Uruguay tenemos exponentes religiosos, a nivel sacerdotal y cultural, firmes en sus convicciones, ajustados pertinentemente al panorama real de la marcha impertérrita e innegable de la religión de tendencia Orixá en este “nuevo mundo”, y porque no, también “tercer mundo”, sujeto a los vaivenes de la oferta y la demanda, en todos los rubros, de nuestras respectivas sociedades de consumo implantadas desde hace cuatro siglos en estas latitudes.

Además, dichos representantes, no guardan silencio, no sostienen un perfil bajo, cuando se trata de defender -exponiendo con razones inteligentes- la realidad de los valores que atañen al ámbito religioso, social y cultural.

Un Milton, sacerdote capaz de enarbolar una bandera bien desplegada en su obra intelectual y literaria, desde su Xangô.-


Un Alejandro, firme en sus convicciones razonadas pero s
in dejar de lado lo emocional, sustentando con la misma firmeza, el oxé que en odú le correspondió de su Xangô.


Un Osvaldo, sabio sacerdote, investigador incansable y ser
io, que ha sabido descartar aquellos aparentes valores superfluos que trataron de imponernos de múltiples maneras y por múltiples intereses, para saber quedarse con lo realmente valedero y, desde allí, darle luz pública e intelectualizada, a través de la propia luz de su Obatalá.-


Un Juan -que sin ser “santo de mi devoción”-, sacerdote de principios férreos, que sostiene un aparato bien estructurado al servicio de la comunidad, no sólo organizando alternativas valederas, sino también desorganizando todo lo fatuo que encontró en su camino, tal cual desbrava los matorrales su espléndido Ogum.


Y la lista podría seguir en forma profusa… Ellos, todos ellos, no sólo los cuatro brillantes ejemplos mencionados, han logrado desde su capacidad un avance para lo que es el camino religioso y socio cultural de Orixá en el medio uruguayo, abarcando además un nexo al cruzar fronteras con sus respectivas y cabales posturas.

Eso es la religión de Orixá en Uruguay, en casi todas sus formas (Batuque, Umbanda, Quimbanda –no exactamente la”Kimbanda” así con K, tan popularizada en lo circense de algunos lugares bonaerenses- , Candomblé, y hasta el novel africanismo que ha ido rescatándose paulatinamente desde sus aparentes raíces, adaptándolas adecuadamente en nuestro medio, sin la ridícula pretensión de recrear un África antigua que ya no existe, en una América moderna, latente de ambiciones puras.

Exaltaba un sacerdote montevideano hace un tiempo: “¡Con razón! Cada vez que voy a Buenos Aires y hablo, quedan con la boca abierta, como si estuviera diciendo cosas nuevas!!”.- La referencia tácita indica que no son “cosas nuevas” para él, pero sí para algunos de sus escuchas…

En Argentina también encontramos seres maravillosos que conllevan los valores pertinentes que corresponden al quehacer religioso. Ellos, se encuentran con un muro que no es infranqueable, pero sí sumamente molesto y entorpecedor: los medios de difusión religiosa y cultural, en manos de ineptos intelectuales que solo bregan por sus intereses pecuniarios.

Luis, excelente sacerdote conocedor de las diatribas de Orixá en el mundo terreno, por su experiencia personal y por su sagacidad intelectual, digna herencia de su Oxalá. Conciente, reconocedor y siempre con su mente abierta a la diversidad de opiniones, pero, drástico cuando se trata de desmantelar los circos montados a costas de las premisas de su sentir religioso, claro y contundente, inspirado y experimentado en su propia vida cotidiana, desde su pasado hacia su futuro. Sacerdote con sentido humano y socio cultural profundo, que vive su saber religioso tanto en el Ilé como entre casa.-

Roberto, un estudioso “impertinente”, sacerdote que no se permite cortapisas cuando de enarbolar la realidad se trata. Uno de los mejores exponentes religiosos y, uno de los filósofos de Orixá más avezados de la actualidad, en un nivel de características internacionales. Tal cual su Ogum Onirá lo induce a tal.-

Claudio, sacerdote incansable en su constante bregar por un mundo mejor, que munido de un sentido humanitario indescriptible y noble, vive pasando el rasero para que ese mundo mejor con el que sueña y anhela, sea parejo, multivalente y justo para todos, crey
entes y no creyentes, ricos y pobres, desde y para las diversas razas que pueblan esa espléndida nación, sin distinciones de credos ni pareceres, siempre que estos últimos resulten justos y prácticos para el pueblo todo.-

La lucha puede resultar múltiple en sus aspectos visibles, pero recordemos: llegados los momentos cruciales y de contundente acción, las ratas abandonarán el barco, como siempre lo han hecho, a través de los siglos, y los capitanes del mismo serán quienes nos lleven a buen puerto. Claro, esas peyorativas emisiones de radio fuera de contexto real, quedarán apagadas, para dar lugar a otros sonidos, más proficuos en realidades, más solventes en valores, y más adecuados a las necesidades verdaderas de nuestro pueblo de santo, de nuestros omo orisa, de nuestros adeptos de fe, de honor y de constancia en la vida.

El insulto procaz, puede resultar un arma más dentro de las tribulaciones que se manifiestan en un altercado que sea…

Ahora, si el insulto viene revestido de faltas ortográficas, de sensaciones de procacidad, de demostraciones tácitas de una ignorancia sustentada por el odio, la intención de enmienda sin tener con qué enmendar, en realidad, el insulto pasa de alguna forma, a componer el arsenal del insultado.


2 comentarios:

NORMA de TIMBOA dijo...

BABA : EN MEDIO DE MI VIDA ORDINARIA..y antes semejantes palabras trato de desanarme con semejante expociion!!!
En mi ignorancia me postro ante la lectura y expongo..
"De quien sabe mas , iremos siempre a aprender y que aquellos que supieran menos esclarece".-
Mas el orgullo y la vanidad dominando muchos corazones,
hicieron el preconcepto motivo de desunion.-
AXE.. Y QUE LAS VENDICONES DEL GRAN KAO.. ME ACOMPAÑEN SIMPRE QUE LO MERESCA!!

Numo Airá dijo...

tal cual!!!!! mi querida hermana! tal cual!!! realmente, ha sido, es y por un tiempito más, seguirá siendo, como tu dices, EL MOTIVO MAS IMPORTANTE DE LA HORRIBLE DESUNION!!!! axe, e pa heiii!!!